La vida de Nauta II Año 0
Fue Murlus quien decidio el nombre de Nauta. La pérdida de Dastia supuso un hecho tan doloroso para Niclaus que ni siquiera tomo en consideración acoger a su propio hijo. Nauta no era más que la razón, la maldita razón de que Dastia hubiera fallecido, se decia asi mismo Niclaus. No pudo, no quiso que esa maldición le acompañara toda la vida.
Dastia, fue desde su niñez prometida al Conde Niclaus, y este desde su más tierna infancia, mientras dormitaba en los confines de Nikilinga, acariciaba en sueños la inescrutable palidez de la que seria su futura esposa. El infante Niclaus, concebia para sí un mundo de glamour, un mundo de poder, en el que él y Dastia tomarían los lejanos reinos del sur y formarían un imperio como nunca se hubiera visto.
Ahora no habia imperio, ahora el glamour se habia roto cual cristal en un abismo, ... ahora no habia perdón para el infame, para el destructor de su sueño, ... Nauta.
Murlus acogió a Nauta, mientras Niclaus todavia perplejo por el sufrimiento, lloraba desconsoladamente el cuerpo inerte de Dastia.
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Consejero fiel del Conde, Murlus habia alcanzado una gran consideracion para la condesa durante los ultimos años de su servicio. Su saber y amplio conocimiento de las ciencias de la alquimia, atrajeron a Dastia hasta el punto de hacer de Murlus un amigo fiel y un maestro al que ella veneraba con devoción. Al tiempo Murlus temeroso de los celos de su señor, era prudente y no creia que fuera conveniente que su enmascarada pupila se dejara guiar unicamente por su sed en el conocimiento de estas innobles ciencias despreciando los placeres de su señor, Asi fue como a traves del aquimista Dastia engendro la idea de dar al conde la preciada descendencia a su nobleza.
El ansia de aprendizaje de Dastia no tenia fin y los cuidados que requeria en su estado de embarazo no suponian mas que una pesada carga para los intereses de esta. No deseaba una criatura que le impidiera conocer profundamnete las artes que poseia Murlus. El alquimista pudo predecir para Dastia que la semilla de su interior seria un amargo fruto que arruinaria las expectativas de esta... pero no hasta el punto de como ocurrieron los hechos.
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Dastia, fue desde su niñez prometida al Conde Niclaus, y este desde su más tierna infancia, mientras dormitaba en los confines de Nikilinga, acariciaba en sueños la inescrutable palidez de la que seria su futura esposa. El infante Niclaus, concebia para sí un mundo de glamour, un mundo de poder, en el que él y Dastia tomarían los lejanos reinos del sur y formarían un imperio como nunca se hubiera visto.
Ahora no habia imperio, ahora el glamour se habia roto cual cristal en un abismo, ... ahora no habia perdón para el infame, para el destructor de su sueño, ... Nauta.
Murlus acogió a Nauta, mientras Niclaus todavia perplejo por el sufrimiento, lloraba desconsoladamente el cuerpo inerte de Dastia.
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Consejero fiel del Conde, Murlus habia alcanzado una gran consideracion para la condesa durante los ultimos años de su servicio. Su saber y amplio conocimiento de las ciencias de la alquimia, atrajeron a Dastia hasta el punto de hacer de Murlus un amigo fiel y un maestro al que ella veneraba con devoción. Al tiempo Murlus temeroso de los celos de su señor, era prudente y no creia que fuera conveniente que su enmascarada pupila se dejara guiar unicamente por su sed en el conocimiento de estas innobles ciencias despreciando los placeres de su señor, Asi fue como a traves del aquimista Dastia engendro la idea de dar al conde la preciada descendencia a su nobleza.
El ansia de aprendizaje de Dastia no tenia fin y los cuidados que requeria en su estado de embarazo no suponian mas que una pesada carga para los intereses de esta. No deseaba una criatura que le impidiera conocer profundamnete las artes que poseia Murlus. El alquimista pudo predecir para Dastia que la semilla de su interior seria un amargo fruto que arruinaria las expectativas de esta... pero no hasta el punto de como ocurrieron los hechos.
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Atemorizado por la posible reaccion del Conde, Murlus huyó, con el proscrito bebe hasta los confines de Nikilanga, mas alla del valle de Silus. Donde pocas almas a excepcion de los harapientos Hinwas se aventuraban (...)
